Escenario 1 – Ollanta Humala Presidente
Si el 6 de junio el presidente resulta ser Ollanta Humala, no será un día para estar feliz. Será sí, un día para sentir alivio por habernos librado, aunque por muy poquito (lo cual sigue siendo sumamente preocupante) de una agrupación a la que le hubiera resultado imposible manejarse bajo códigos distintos de los que siempre ha usado: los de la moral prescindible, los derechos y libertades supeditados a los fines que consideran necesarios.

Si el 6 de junio el presidente resulta ser Ollanta Humala, saltaré los primeros treinta segundos de alegría porque el fujimorismo no se volvió a inocular, pero los siguientes treinta segundos caeré sentada en el diván, sumida en la incertidumbre y en la sensación de que es necesario poner en marcha de nuevo la maquinaria de fiscalización y vigilancia.

Y habrá que estar pendientes, no solo ante la posibilidad de que todo lo prometido en las últimas semanas se vaya “desprometiendo”, sino también porque quienes no somos adherentes ni partidarios, quienes no somos ni de lejos miembros del partido pero decidimos valientemente arriesgar nuestra confianza en sus cambios y juramentos, tenemos una gran responsabilidad sobre ese apoyo y deberemos responder por él si las cosas no salen como esperamos.

Pero hemos de confiar en que no podrá burlarse de tantos ni tomarnos por tontos. Las personas admirables y de intachable trayectoria en pro de los fundamentales derechos y libertades, aquellos que siempre han defendido la democracia, no sólo con palabras sino con su vida ejemplar, y que han optado por confiar, me infunden confianza.

De otro lado, cuando logre mantener a raya nuevamente el temor, volveré a sonreír pensando en que hemos tenido una gran suerte como país, sentiré un placer sereno y empático por mis compatriotas, porque si bien no creo en dios, quizás, si es que existe, habrá sido generoso en no vernos hundir nuevamente en el abuso, el atropello, el asesinato desde el Estado, el cinismo y el robo como formas de hacer y de vivir de la política y del pueblo. Me quedaré inquieta igual, pensando que esta elección puede haber alimentado las ansias de esa asociación de la inmoralidad de volver a ser poder, a toda costa y a cualquier precio, como siempre han hecho. Y no me queda duda que empezarán a trabajar en ello desde el primer día de la eventual derrota.

Pero creeré que quizás pueda quedarme un poco más tranquila de saber que por lo menos dos claras lecciones puede sacar de esto la aspirante Fujimori: Una, que rodearse en su núcleo duro de lo peor del fujimorismo fue uno de sus errores más caros. Y querré pensar que quizás, cuando lo vuelva a intentar, tendrá la inteligencia de, realmente, prescindir de todos y cada uno de ellos. Si entendió el mensaje, le constará que la mayoría no tolera corruptos, menos aún corruptos cínicos que pretenden pasar por agua fría y lanzar al olvido lo que deleznablemente les vimos defender, complotar, atropellar, mentir, robar, despreciar. En video, in fraganti y sin el más mínimo propósito auténtico de enmienda o arrepentimiento.

Y dos: Que la defensa de su padre le impidió objetivamente deslindar de manera sentida y real. No puede, y ha quedado probado, separar su condición de hija con la de la política, porque genera un conflicto de intereses de épicas proporciones. Porque decir, por ejemplo, que lamenta los errores, 15 años después, ante una cámara, de cara a una segunda vuelta, sin siquiera citar a los deudos para decírselos personalmente, y por el contrario, esmerarse en limpiar a su padre de la condena es una abierta, cruel y ofensiva contradicción.

Por supuesto, como hija y ciudadana tiene el legítimo derecho a hacerlo, pero usar el poder político y sobre todo, utilizar el cargo más importante de representación de un país con ese fin es inaceptable. Si ella quiere ver a su padre libre, que lo defienda como cualquier persona, pero que no lleve a todo un país de vuelta a la corrupción y el desánimo, que no nos desbarranque nuevamente a un país sin instituciones y sin moral, sólo por cumplir su mandato familiar.

Y ojalá, a partir del 6 de junio, los peruanos podamos sorprendernos con un Humala auténticamente reformado, centrado, humilde, sereno, democrático, concertador. Ojalá a partir del 6 de junio volvamos a ver a aquellos de quienes nos hemos separado temporalmente, como parte nuestra. Porque al fin y al cabo, con excepción de los corruptos, todos queremos más o menos lo mismo: progreso personal y colectivo. Aunque algunos privilegien solo el personal a costa de el del conjunto. Tarde o temprano nos encontraremos todos nuevamente en la misma orilla, la de la vigilancia y la exigencia.

Somos contemporáneos viviendo una misma esperanza, sufriendo una misma incertidumbre, conviviendo en un mismo espacio cívico y no podemos huir de eso. Viviremos juntos, del lado de la democracia, los próximos cinco años gane quien gane. Tendremos que hacer fuerza para vigilar y fiscalizar atentamente cada paso, cada guiño, cada intención. Vamos, sólo juntos podremos. Ojalá todos estemos a la altura de lo que el país requiere de nosotros.

Yo votaré por Humala porque del mal que se cierne sobre nosotros prefiero el de la incertidumbre nacionalista que el de la certeza de la perversión fujimorista. Pero hasta allí llega mi voto, prestadito no más.
Desde este 6 de junio, todos seremos otra vez oposición.
Y que el destino nos sea propicio.

Escenario 2 – Keiko-Alberto Fujimori Presidente

Si el 6 de junio el presidente resulta ser Alberto/Keiko Fujimori, será un día que querremos olvidar para siempre. Será un día en el que le diré a mis compatriotas: lo siento, no supimos hacer lo suficiente ni a tiempo, no pudimos hacer lo necesario para evitar que lo más sórdido de la política, lo más retorcido y pervertido que hemos conocido en los últimos años vuelva a tomar sus puestos de poder abusivo, transgresor de todo equilibrio e institución, demoledor de toda decencia y honestidad, instaurador del chantaje, la extorsión, el desprecio, el terror y crimen desde el Estado, la insignificancia de la vida del otro. No pudimos y tendremos que vivir con ello. No pudimos y no quedará más remedio que volverse a poner el chaleco antimiasma, pelear con uñas y dientes, enfrentarlos con todo nuestro esfuerzo, energía y convicción.

Si el 6 de junio el presidente resulta ser Alberto/Keiko Fujimori, me sumiré en la más desalentadora tristeza durante los primeros tres minutos, pero a partir del cuarto respiraré hondo, me pondré de pie y miraré adelante. Y miraré al costado, y debajo de la alfombra fujimorista por todos nosotros. Y no dejaré de mirar y escudriñar, vigilar y denunciar. No podemos, no debemos. Esta vez estamos avisados, somos muchos y sabemos de qué pies cojean.

Este 6 de junio, sea quien sea el ganador o ganadora, el objetivo será siempre uno: el país es de todos nosotros, no de los políticos. El país no debe sufrir las consecuencias de las perversidades y atrocidades de un gobierno integrado por violadores de todo bien o derecho, corrompedores profesionales, extorsionadores de vidas y almas, complotadores, abusivos, asesinos, ladrones, dictadores y verdugos de las libertades.

Este 6 de junio, sea quien sea quien gane, el objetivo será el mismo: no toleraremos más corruptelas, más atropellos, más robos, ni asesinatos por parte del Estado, ni toleraremos que se eche abajo todo el sistema anticorrupción  ni que se manipulen y perviertan todos los poderes del Estado para lograr el obejtivo de liberar a un ex presidente preso por lo que dice que no supo, no vio, no se enteró, hicieron subalternos sin su conocimiento. Un preso que no acusó jamás a su suspuesto traidor, que no cooperó una sóla vez con esclarecer las acusaciones contando todo lo que sabía, todo lo que escondía con su silencio delator.

Este 6 de junio, si ganan los fujimoristas, nos tocará unirnos a los que exigimos decencia y honestidad, a quienes queremos ver vocación por el Perú y no depredación del país. Todos los que no somos corruptos estaremos en el mismo barco, armados del valor y la resistencia que serán necesarias para enfrentarse a la red de vilezas que desde el primer día empezará a tejerse primero en reserva, luego cada vez con menos cuidado por las formas públicas.

Viviremos juntos los próximos cinco años sea cual sea el resultado. Estaremos juntos del lado de la democracia, los derechos y las libertades, gane quien gane. Tendremos que unir fuerzas para vigilar y fiscalizar con ojo de cazador cada paso, cada guiño, cada intención. Ojalá todos estemos a la altura de lo que el país requerirá entonces de nosotros.

Yo no votaré por Keiko porque no será su papá pero defiende y aplaude su gobierno, porque su núcleo duro delata su dependencia de ellos y de su padre. Porque no se puede mentir tanto, encubrir tan deshonrosamente, manipular de manera tan cínica y erigirse como el cambio.

No votaría nunca por el fujimorismo así me torturaran mil veces en los sótanos del SIN, me encerraran en Palacio, me cortaran en pedacitos, me asesinaran sin razón, o cualquiera de sus pérfidas manías, porque del mal que se cierne sobre nosotros prefiero un millón e infinitamente la incertidumbre nacionalista que la certeza de la perversión fujimorista.

Desde este 6 de junio, todos seremos otra vez oposición.
Y que el destino nos sea propicio.
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Nunca perdimos tanto como nación como en la guerra con Chile, muchas vidas, mucha sangre, y bueno, territorio. Sin embargo ganamos un héroe envidiado hasta por el propio enemigo. Miguel Grau fue un humanista adelantado. Recogió del mar a los derrotados chilenos del Esmeralda que acababa de herir mortalmente.

Pudo fácilmente haberlos rematado. Total, estaba en pleno combate, y por último quizás no tendría cómo ocuparse logísticamente de ellos. Pero contrario a lo que en muchas guerras sucede, Grau hizo lo que manda una ley que está escrita en la sangre de la especie: tanto como la de supervivencia, la ley moral de la compasión.

Pese a ser sus más acérrimos enemigos, pese a haber estado momentos antes peleando con ellos por su propia vida, pese a haber sido atacado a muerte, pese a todo, Grau –por eso El Caballero de los Mares- tuvo un gesto humano que lo volvió inmortal, en nuestro país, en el país enemigo y traspasando fronteras.

Probablemente nadie hubiera criticado a Grau si los hubiera ejecutado. Pero no lo hizo. Y los peruanos, civiles y militares, vivimos orgullosos de un hombre como él. Y es especialmente relevante que los militares, marinos o no, reconozcan en él un paradigma. Porque nadie mejor que ellos sabe lo que en batalla ocurre, el fuego cruzado, las sombras, los miedos, la valentía que se sobrepone a la incertidumbre, al riesgo de muerte, y en la mayoría de casos, el poco crédito que se le otorga a un militar nacional tras haber expuesto su vida una o cien veces. El Estado lo maltrata, le mal paga, lo olvida cuando más ayuda necesita. Por eso, lo que viene pasando con los Comando Chavín de Huántar es tan sensible.

Más de cien años después del inmortal gesto de Grau, un grupo de militares peruanos dio un ejemplo mundial de eficacia, precisión, arrojo, sincronía, estrategia, planificación, entrenamiento. La operación se ejecutó casi a la perfección, como una gran sinfonía bélica, si no hubiera sido por la muerte de dos comandos y un civil rehén, si no fuera, también, por la muerte puesta en cuestión como ejecución, de uno o más terroristas. Y acá empecemos a hacer las obligadas distinciones, porque el diablo, como se ha dicho desde hace mucho, se esconde en los detalles. Y es en varios detalles, que este caso puede volverse perverso, política y mafiosamente manipulable.

Ocho de los catorce terroristas tienen un disparo en la nuca, según los partes policiales y forenses de ese momento. De esos ocho, solo seis tienen rastros de pólvora de haber disparado, asegura el peruano José Pablo Baraybar, antropólogo forense internacional que pudo revisar los partes y trabajó con los restos en la exhumación. Esos son los datos duros, científicos. De allí caben no una, sino varias hipótesis de trabajo que tendrían que ser confrontadas con otros datos para ver qué curso siguen: si no dispararon pero murieron en el fragor del enfrentamiento, si no dispararon y fueron ejecutados post rendición, si los balazos en la nuca se hicieron o no a corta distancia o a lo lejos con precisión de francotirador, etc.

¿Habría sido válido que los comandos ejecuten a los emerretistas? En pleno combate, por supuesto, nadie refuta esto. ¿Tras el combate? Depende cuándo puede considerarse “acabado” el combate. De hecho, los emerretistas de la residencia estaban armados hasta los dientes (se encargaron de mostrárselo a la prensa) y tenían hasta granadas colgando del uniforme. Los estado alterados de los instantes inmediatamente posteriores al enfrentamiento, pueden aún considerarse una atendible coartada.

¿Y si los hubieran rematado ya en momentos en que todo en la residencia estaba bajo control de los comandos? ¿Y si hubiera entrado un grupo exógeno a los profesionales comandos a “acabar” con los terroristas? Entonces el Estado podría, debería ser cuestionado y procesado por ejecuciones sumarias cuando la vida de los defensores o víctimas ya no estaba en absoluto en peligro.

Y eso, hasta donde entiendo, es lo que ha pasado. Los comando están a salvo porque hicieron su trabajo con el corazón, las armas y los derechos humanos en la mano. Los pseudocomandos en la sombra hicieron lo que saben hacer: ensuciarlo todo, pretenderse dioses, jueces y verdugos en segundos. Lo mismo que hicieron en Barrios Altos, lo mismo que hicieron en La Cantuta, solo que peor, porque metieron sus narices, sus armas inmundas y su prepotencia política en un lugar sagrado, en uno de los mayores actos de solidaridad que un ser humano puede acometer, el de salvar la vida de otros congéneres aun a costa de la propia.

No imagino a NI UNO de estos superhombres matando de un balazo en la nuca a sus “trofeos de guerra” cuando ya estaban rendidos, reducidos y controlados. No los entrenan para tales actos de deshonor. Por eso, lo de la CIDH no debe asustarnos, el Estado debe responder por su responsabilidad de no haber juzgado a los sombríos “sospechosos” en el fuero civil. Y esa es una legislación a la que no debemos renunciar porque sirve de protección contra Estados abusivos que perpetran crímenes y exculpan a los responsables en las cortes militares, afines a sus miembros, y siempre más manejables políticamente.

Que los “gallinazos” sean juzgados y condenados por lo que les toca, y de paso los Comandos, los verdaderos, podrán volver a vivir en paz y con el reconocimiento que merecen. Pero que no se mezclen los afanes políticos de los grupos que hace años nos quieren fuera de la CIDH para que la justicia quede solo a merced de los fueros nacionales, tantas veces corrompidos, manipulados y envilecidos. Porque en esa residencia no hubo uno, sino 140 Grau.

 

Publicado el lunes 2 de enero del 2012 en el diario La Primera

Ha sido un año difícil. Casi la mitad del 2011 lo pasamos en la campaña presidencial. Ganó un candidato inesperado. Lima se dividió entre la derecha nostradamus que anunciaba el ¨apocalipsis now¨ y los centroderecha resignados apostando porque la ¨Hoja de ruta¨ no fuera una artimaña de campaña. El nuevo gobierno ha ido pagando el precio de la inexperiencia política. Primero, al tener bajo su paraguas a grupos de irreconciliable visión y formas de trabajo. Opiniones diversas, dispersas, sin una aparente agenda y aunque en algunos casos el propio Presidente ha logrado resistir y revertir el cargamontón mediático, cierta prensa no deja de intentar poner la agenda política desde sus redacciones o programas. En otros casos, los medio han contribuído a desnudar indicios o pruebas de corrupción, como los casos Chehade, Anicama o Amado.

Pero el real parteaguas ha sido Conga. Parece haber un a.C. (antes de Conga) y d.C. (después de Conga). Si bien el resultado no ha sido luctuoso, y eso hay que celebrarlo, los problemas aún irresueltos del mismo Conga podrían replicarse en otros similares escenarios del país. Esperemos que el gobierno esté trabajando con inteligencia, sensibilidad social y firmeza para no complicar con protestas, descontentos y ruido político el futuro próximo que ya bastante de preocupación tiene a nivel global con las crisis en ciernes.

El caso Chehade debería haber sido una lección para el Presidente de cuál es el costo político de no ser gestualmente tajante cuando el colaborador implicado es tan cercano y su defensa tan resbalosa. Los congresistas oficialistas que se manejaron como oposición durante Conga deben haber enseñado otra lección al gobierno, y es que queda claro que el Nacionalismo no es un partido como ellos mismos pretenden, sino que actúa como partido cuando la conveniencia política es mutua pero que se quiebra fácilmente cuando el futuro político individual del congresista o miembro peligra o pesa más que los objetivos de partido y de gobierno. Ojalá y el Presidente pueda ejercer un mejor liderazgo de sus cuadros para que en este segundo respiro de gabinete la palabra cohesión, tan mentada, no quede solo en estrategia de marketing político. Porque de verdad la vamos a necesitar.

La Ley de moratoria de Transgénicos, la Ley de la Consulta Previa, entre otras, han sido algunas de las pocas buenas noticias de estos 5 meses de gestión. El modelo económico, pese a su discrepancia con el de ¨la gran transformación¨ parece ser de los pocos puntos exentos de discordia, al menos por ahora, pues habrá que esperar ver qué sucede con promesas como el aumento de la remuneración mínima vital o los programas sociales y otros ofrecidos en campaña y que el pueblo no dejará pasar con facilidad. Como tampoco se dejará pasar un posible indulto al expresidente Alberto Fujimori quien, como se ha demostrado, no está en estado terminal. Con lo desagradable que resulta hablar de la salud de alguien en estos términos… pero son los propiosFujimoristas que con su acostumbrada altivez han recordado sus mejores épocas de manipulación social para pretender mostrar que el expresidente está más enfermo de lo que en realidad reflejan sus exámenes médicos. Otra cosa sería que Alberto Fujimori reconociera magnánimamente sus yerros, sus delitos y se mostrara auténticamente arrepentido y dolido por el sufrimiento causado a sus víctimas y deudos, así como por la podredumbre corrupta que su gobierno instaló en todas las capas de la vida pública.

En vez de pretender una inocencia que solo sus partidarios o incautos creen, un gesto de honor y honestidad así del expresidente lo redimiría para la historia, podría quizás revertir algo del daño causado pues quebraría la cadena de sus defensores y su filosofía de ¨el fin justifica los medios¨. Pero esa es quizás una utopía que contradice la esencia misma del Fujimorismo, por lo que esa vía queda virtualmente descartada. Ollanta Humala solo tendría la potestad de indultarlo ¨sin expresión de causa¨ pero con consecuencias políticas inmediatas y futuras, de por vida irredimibles en su curriculum presidencial.

Este gobierno aún puede ser el que haga la diferencia en nuestra historia reciente. El que acorte las brechas de las diferencias económicas y sociales (trabajo, salud, nutrición), el que invierta en educar a las próximas generaciones, el que se distinga por apoyar la investigación, la ciencia, la tecnología y la innovación repatriando a los cerebros que han emigrado y procurando que los que están por irse no lo hagan. Este aún puede ser el gobierno que le dé al MINAM las potestades y dineros que necesita para cuidar, proteger y rentabilizar ecológicamente nuestros recursos. Este gobierno puede ser el de la gran transformación del Perú con la Hoja de Ruta de la Democracia, de la inversión privada fiscalizada en beneficio de los más, del respeto de los derechos individuales y fundamentales, sin caer en la tentación del poder que envanece, envilece y corrompe. Ojalá así sea. Suerte para todos nosotros este 2012.

Publicado el lunes 26 de de diciembre del 2011, en el diario La Primera

Los periodistas, los buenos periodistas, son odiados por mucha gente, sobre todo por políticos y sus afines. Es un buen síntoma. Pero los muy malos, también son detestados por muchos. Y son un cáncer. Infectan la profesión con sus mentiras y manipulaciones, con sus estridencias y abusos, desacreditan su función con su poca sensibilidad, solidaridad y su mucha ambición de poder, protagonismo o dinero.

Las décadas pasadas con el gobierno fujimontesinista fueron de penosa actuación de muchos, demasiados colegas. Algunos buenos hombres y mujeres que se dejaron atrapar por miedo o angurria. Otros sencillamente sin sangre en la cara, serviles al mando político o económico y traidores de la verdad y la consecuencia.

No somos, pues, como gremio, impolutos mensajeros ni dechados de virtud y moral. Para pena de la profesión. Pero en medio de tanta mugre, hay muchos periodistas que sí trabajan con esmero, vocación y seriedad. También es cierto que no solo los periodistas honestos destapan las suciedades de la sociedad. Muchas veces una denuncia proviene de alguna cloaca con intereses diversos y alejados de la verdad periodísitica.

Pero así y todo, muchas veces son esas denuncias las únicas que tenemos para ver lo que en realidad pasa frente a nuestras narices disfrazado de normalidad. Ojalá y existiera una forma más eficiente de controlar, autónomamente, como gremio, las injurias, los inventos, la manipulación grosera y la invasión a la privacidad. Ojalá pudiéramos, de un plumazo o ley, borrar del planeta a seudoperiodistas que no son más que sanguijuelas, escorias, parásitos infectos que se escudan en la libertad de expresión para vender rating o ejemplares, para agradar a sus jefes o agrandar sus bolsillos. Ojalá. Pero el libre albedrío tiene ese doble filo. Es para todos, buenos y malos.

La libertad tiene, justamente, esa prerrogativa: es para todos o no es libertad. Por tanto, hay que soportar estoicamente los embates de la mala prensa, no sin que sea castigada, que para eso ya existen leyes. No es bonito, jode, indigna, subleva cuando se mal utiliza la libre expresión y se invoca la libertad de información en casos evidentes de pura manipulación o infamia. Pero no hay forma de no dañar irreparablemente la libertad de quienes sí la usan para desnudar al poder político y económico, si se sigue adelante con la pretendida Ley Mordaza.

Que no levanten los políticos la bandera de la casi unanimidad con la que fue aprobada en ese Congreso de escándalo. Qué mejor forma de asegurarse que sus negocios sucios, sus corruptelas y sus chanchadas no podrán ser difundidas porque están protegidas por esta reprobable ley. No me extraña de Lourdes Flores, escaldada, literalmente en la campaña municipal. Aun cuando era ciertamente debatible el interés público de los “potoaudios” por haber sido dichos en un ámbito privado, podía argumentarse que era importante saber qué interés tenía la candidata en el cargo por el que nos pedía votáramos por ella, cuán comprometida estaba, de pies a…. bueno… cuán comprometida estaba con su causa. Al parecer, no la entusiasmaba que se mostraba en público.

Lo entiendo de Abugattás que nunca ha escondido su desagrado por los periodistas y que, aunque ha aprendido bastante con y de ellos, todavía se deja arrancar fácilmente titulares de indulto que luego tiene que salir a explicar. Lo entiendo hasta de Vargas Llosa, que debe ser el peruano más ilustre más injustamente vilipendiado por su entereza humana y su honestidad cívica y política. Los entiendo pero no comparto.

Entiendo que no tengan la suficiente distancia y neutralidad como para opinar sopesando pros y contras universales. Esa ley no puede sino rebajar nuestro nivel de democracia. Esa ley solo protegerá a los corruptos de siempre más que a los honestos vejados. Porque la Ley Mordaza dice que solo se podrá difundir un material que sea delictuoso. Y para empezar, los periodistas no son jueces para determinar un delito a priori, antes de un proceso.

Es absolutamente absurdo, de espanto y muy de gobierno de facto, general Abugattás, proponer una instancia del Ministerio Público para que “revise y autorice” los contenidos que podrá difundir un periodista.

Por último, hay muchísimos casos de conductas reprobables, inmorales en la función pública o sancionables en la administración, que no necesariamente son delito. Esas tampoco se podrán difundir, según la mordaza.

Señor Presidente, usted prometió una y otra vez en campaña respetar todas las acepciones de libertad de información. Podrá cambiar de modelo económico, podrá cambiar de polo rojo al blanco, podrá cambiar de asesores, de vicepresidente, de congresistas, pero señor Presidente, no cambie, no trueque, no devalúe la democracia recortando uno de sus fundamentos.

La carne sale con hueso, y nadie más que los periodistas odiamos el hueso de cada día en la prensa porque nos desprestigia, como gremio, enferma a la sociedad, la contamina. Pero el hachazo para esos huesos ya existe, ya hay legislación para castigar a los difamadores. Que no le hagan creer otra cosa. La carne hay que cuidarla como oro de Cajamarquilla. La carne vale la pena del hueso. La carne es su principal credencial de democracia. La libertad recortada, no es libertad. Punto.

Artículo escrito para y publicado en el Diario La Primera el 19/12/11


“El presidente es un hombre de tan pocos principios como de palabras.”  
The Economist, 10 de diciembre 2011
Cuando el 16 de noviembre el presidente Ollanta Humala dijo “Conga va”, pocos imaginaron que ese grito de guerra terminaría siendo el inicio del fin del gabinete Lerner. Lo más sorprendente, para mí, ha sido comprobar el grado de improvisación en el manejo del Estado y de los conflictos.
Uno pensaría que si el Humala presidente había decidido liquidar al Humala candidato, por lo menos tendría un plan para mitigar los efectos de su nueva postura. No se necesitaba mucho conocimiento político para saber que sería tomado como una traición.
Humala hizo lo que siempre hacen los políticos: mentir. En su propia casa cuando necesitaba de ellos. Hay que reconocer el intento de diálogo propiciado por el salomónico Lerner, bisagra entre las promesas del candidato y las acciones del presidente, y bisagra entre las aspiraciones y exigencias de la izquierda y la derecha prometiendo su bendición si se alineaba.
Y es que Humala parece haber tenido desde el comienzo “un sueño” -a lo Martin Luther King (ironía)- de lograr la convivencia armónica del polo rojo y el blanco, del oro y el agua, de la derecha y la izquierda. Recordemos cuando en campaña no le alcanzaban los votos de la “gran transformación”, sacó la Hoja de Ruta del sombrero, “mostró” a garantes y aliados el polo blanco, sin abjurar nunca claramente de la Gran Transformación. Y así pasaron los días en tensa armonía de tendencias extremas en un partido joven e inexperto que ha ido pagando noviciado y con él, todos nosotros.
Pero Conga nos despertó. Sin una estrategia que se adelantara a los conflictos, ese estado de convivencia ideal estaba destinado al fracaso. Es imperdonable que un gobierno que se marqueteó como nacionalista no haya priorizado establecer una verdadera comunicación de confianza con el pueblo que de manera auténtica tiene miedo de perder sus recursos, no haya tenido inteligencia para anticipar el embate, enfrentar a los carroñeros atizadores de descontentos.
Su pésimo manejo no sólo tendrá, me temo, un impacto en Cajamarca, sino que puede afianzar los radicalismos. Si cree que declarando el Estado de Emergencia los acallará, OH no ha entendido nada o no le importa. Y no porque el caos y la obstrucción del diálogo tengan justificación, que no la tienen aún cuando sus temores y demandas son atendibles, sino porque hay que esas dinámicas para saber que esto no ha terminado. Y que si bien el Estado debe ejercer su autoridad, tiene que saber hacerlo sin encender más la pradera.
Conga va, Lerner se ha ido y lo que queda es una gran incógnita: o Humala no sabe lo que quiere ni cómo lo quiere, o nos está engañando a todos, derecha, izquierda, centro. Incógnita que ha sido su bandera, recordemos la segunda vuelta: la derecha temía lo peor y la izquierda celebraba, mientras en el centro el signo de interrogación se vestía de antifujimorismo o de antichavismo.
Un dato certero me confirmó temprano en la campaña lo que otros solo especulaban: que OH estaba con los brasileros, ya no con Chávez. Entonces me fue claro que nunca fue chavista, que le sirvió el Chávez del 2006 que se alzaba como una fuerza continental y que en el 2011, desdibujado y debilitado ya no servía a sus propósitos.
Con el tiempo, la incógnita empezó a disiparse para la derecha complacida y sus miedos aplacados por la política económica de OH. Algo que para la derecha suele justificar cualquier exceso. Como por ejemplo la detención de un intransigente actor político como Saavedra o el bloqueo de las cuentas del Gobierno Regional de Cajamarca cuando Lerner aún intentaba el dialogo.
Cualquiera creería que aprendimos la gran lección del gobierno fujimorista: que el fin no justifica los medios, que es imprescindible actuar dentro de la democracia y respetando procesos y derechos, especialmente desde el Estado y aunque la oposición no lo haga. Porque la autocracia es igual de mala si es de derecha que si es de izquierda o militar.
Quizás como dice el psicoanalista Jorge Bruce, el Estado de Emergencia declarado simboliza la emergencia dentro del partido de gobierno. Desarticulado, sin estrategia ni homogeneidad en los objetivos.De confuso liderazgo. Ojalá y este segundo tiempo no sólo oxigene la dirección ejecutiva del gobierno sino que defina su línea política.
Que si este gabinete es evidencia de que se ha derechizado o si se está militarizando con un Valdes y Villafuerte tomando posiciones preponderantes en las decisiones de gobierno, estará por verse y hay que estar muy alertas. Así como alertas a contubernios políticos inaceptables como el que se vocea con el fujimorismo.
Fujimori delinquió, fue procesado y condenado y debe terminar de cumplir su sentencia. Excepto enfermedad terminal, que no tiene. No siquiera tiene cáncer como les gusta repetir a sus defensores. Así como la amnistía a Artemio y quienes con él se equivocaron en los medios (violentos) para lograr su fin (un estado más justo), sería una traición a la patria y a la democracia la excarcelación de Fujimori sin real justificación, sería un asesinato a la justicia y al ejemplo de lo que un país no debe aceptar jamás.
Lerner habla en su carta de despedida de una nueva etapa. Ojalá no signifique que los 250 conflictos sociales nos van a costar un gabinete. ¿A dónde vamos, Sr. Presidente? ¿Cómo hará para cohesionar nuevamente al país, para que convivan agua y oro sin sangre en el ojo? Sea claro por una vez para que cesen miedos y especulaciones que generan ruido político, incertidumbre y caldo de cultivo para la violencia y el radicalismo. Ojalá The Economist se equivoque.
Versión editada de artículo de opinión publicado en el diario La Primera el lunes 12 de diciembre, 2011

“¡Cómo una cosa que la hace el hombre va a poder reemplazar lo que ha hecho Dios!”.

“¡La ciencia se ha equivocado otras veces! ¡Ya no creemos en la ciencia!”.

Duras palabras de indignados cajamarquinos esta semana, que ponen en evidencia la poca fe que le tienen a los llamados Estudios de Impacto Ambiental. Y razón no les falta. Todos los expertos consultados, que no están asociados a las empresas, coinciden en que los EIA:

-No son neutrales desde que los financia la propia empresa inversionista.

-El Ministerio de Ambiente no ejerce su facultad fiscalizadora y suele actuar como una sucursal de Proinversión.

-Y lo más grave: no se hacen de manera integrada a todo el ecosistema de las poblaciones aledañas y áreas de influencia. Sino que se esmeran solo en salvar el proyecto de inversión y el impacto inmediato o de mediano alcance.

Y es culpa del Estado que la gente ya no crea en la ciencia, el último bastión del conocimiento y el desarrollo que quedaba impoluto en medio del festín de intereses que se mueve entre políticos, inversionistas, lobistas y Estado.

Es gravísimo que la gente empiece a desconfiar de la ciencia porque ella es la única capaz de resolver de manera no política y en beneficio del país tremendos entuertos.

Por eso, la peor decisión que Ollanta Humala ha podido tomar es la de aceptar que los Estudios de Impacto Ambiental pasen a jurisdicción de la Presidencia del Consejo de Ministros. Es una aberración y un contrasentido. Es dispararse a los pies. Es poner al gato de despensero.

Si ya el hecho de que el Ministerio de energías y Minas los tuvieran a su cargo ha generado la desconfianza que hoy existe en la población, que ahora pasen a la Presidencia del Consejo de Ministros no tiene otra justificación que la descaradamente política. Que alguien me explique ¿cuál es, si no, la razón para que los estudios de impacto ambiental no estén en el Ministerio del Ambiente?

Es evidente, por el paupérrimo presupuesto que el anterior gobierno le dio al Ministerio del Ambiente, que su inauguración se trató más de un gesto político internacional que de un auténtico convencimiento de su utilidad e importancia en una era en la que el aprovechamiento de los recursos naturales y las inversiones deben lograr un equilibrio que aseguren el desarrollo económico al tiempo de la calidad de vida de sus poblaciones, y la seguridad energética, hidrológica, alimentaria y demás absolutamente sensibles para el presente y futuro de cualquier nación.

Si este gobierno pretende continuar esa línea del Ministerio del Ambiente de pantalla, sería una enorme decepción. No solo porque evidenciaría que no ha entendido en absoluto el fondo de los asuntos que apremian y afectan a las poblaciones al borde del conflicto social.

Los problemas de fondo son los recursos de los que viven, recursos que deben ser medidos y ponderados por los especilistas en medio ambiente, por los hombres de ciencia que no están en carrera política o que no tienen más compromiso que con la verdad que los modelos científicos pueden aportar.

Los Estudios de Impacto Ambiental TIENEN que ser vistos por el Ministerio del Ambiente, entidad que debe ser recuperada y defendida. No debemos dejar que agonice en la inacción y la falta de recursos.

Conga es solo símbolo y síntesis de un problema que viene arrastrándose hace décadas y que lejos de enderezarse se ha enredado cada vez más, acumulándose una cantidad de energíaexplosiva que solo un tratamiento transparente -y no que aparente ser transparente, que de eso el pueblo ha tenido suficiente y no es tonto- logrará comenzar a desenredar la madeja.

Recuerdo que antes de la segunda vuelta se me pidió una opinión acerca de los planes de gobierno de los dos candidatos, en sus capítulos medioambientales. El capítulo del Fujimorismo parecía un “copiar y pegar” de alguna página de PromPerú. Excepto por uno o dos conceptos, ninguna propuesta anclada en la realidad o la importancia de un tema tan sensible.

El del nacionalismo, bueno, estaba repleto de palabrería ideológica, es cierto, pero detrás de toda esa retórica se veía un conocimiento acerca del tema y una serie de propuestas atendibles, o por lo menos debatibles. El resto de partidos nadaban, en mayor o menor medida, en las generalidades.

Conga ha explotado y sus esquirlas han alcanzado otras bombas de tiempo cual efecto dominó. Lo que el gobierno haga en los siguientes días, semanas y meses determinará no solo el rumbo que ese conflicto tomará, sino el que tomarían todos los demás en espera, así como también señalará el derrotero elegido por este gobierno -el de la inclusión, el de la diferencia- para manejar el frágil equilibrio entre la necesaria inversión y la imprescindible protección de los ciudadanos y su calidad de vida.

Conga ha puesto nerviosos a los inversionistas, con razón. Porque ha sido culpa del Estado que ellos hayan podido siempre salirse con la suya en desmedro del pueblo. Porque le ha faltado al Estado orden, autoridad -no solo con la población sino también con los empresarios- y le ha faltado desde hace muchos años, honestidad y empatía.

Conga ha explotado para señalarnos, una vez más, que el iceberg está allí abajo, esperando que pase el Titanic. Por eso, lo que Ollanta Humala haga por Conga, será, ojalá, lo que haga como modelo de enmendar lo que hasta ahora se ha hecho siempre ad hoc y mal. Lo de Conga ha sido un desastre, pero es también una oportunidad. La oportunidad que todos estamos esperando: pueblo, país y empresarios, para que ganemos todos.

Artículo de Claudia Cisneros para el Diario La Primera, publicada el lunes 5 de Diciembre de 2011

La denuncia de Carlos Tapia sobre el protagonismo de un asesor extranjero en las decisiones de Estado que traspasan el ámbito de la imagen política es preocupante si con eso el gobierno muestra haber tomado la decisión de dar prioridad a los gestos de rédito político hacia el 2016, antes que al intento de solución de conflictos y problemas, ciertamente heredados, pero que éste partido prometió tratar a contracorriente de su antecesor y en resguardo de los eternamente excluidos.

Habrá que esperar a ver -cuando esta madeja termine de desenredarse – si esta ha sido una ¨amplificación¨ de Carlos Tapia de la realidad, alimentada por el sinsabor de haber sido maltratado o si estamos frente a un pre-aviso de lo que se nos viene. Pero que un firmante del ¨acta de sujeción¨al siniestro Montesinos, como el Cnel. (r) EP Adrián Villafuerte, sea la máxima autoridad en seguridad del presidente, da tantos escalofríos como la denuncia de los seguimientos y chuponeos. Y sin persignarnos por algo que si bien se realiza en cualquier gobierno del mundo, no deja de ser reprobable, cuestionable y denunciable, si a 100 días de gobierno están espiando a los propios correligionarios, la señal es perversa.

Pero mientras estas preocupantes denuncias se confirman o pierden peso, no hay que distraernos, menos el gobierno, de la tormenta social que parece avecinarse y que podría comenzar a complicarle al país el promisorio panorama de bonanza y ventura en medio de la globalizada crisis financiera.

Dejar ir a Tapia parece en el fondo una señal de un punto de quiebre del gobierno en términos del ¨modelo¨. Y es que como Yehude Simmon resumió en una frase, el presidente Humala dijo ¨¨oro y agua¨¨ y no ¨agua y oro¨. En este caso en particular, el orden de los factores no sólo altera el producto sino el ánimo de los pobladores.

Los conflictos no son hijos de este gobierno sino del Estado transgresor e indiferente por años; parcializado con los grandes capitales en desmedro de la calidad de vida -ya desatendida históricamente- y que llegó a la barbarie de insultarlos no sólo con la indolencia sino con la ofensa de tratarlos de ¨perros de segunda clase¨. Pero también es cierto que en sólo 100 días este gobierno ha engendrado 20 nuevos conflictos que se han sumado a los 214 que dejó AGP, el ¨cancerbero¨ y autor del infausto apelativo del Hortelano.

Los problemas, harto conocidos y manoseados, me atrevo a sintetizarlos en dos desde los que creo pueden nacer las soluciones. Desconfianza e ignorancia. Pero no la ignorancia del pueblo como siempre se le achaca. Desconfianza del pueblo para con TODAS las entidades del Gobierno Central. E ignorancia de TODAS las partes involucradas sobre la realidad acuífera del país, científicamente probada.

¨No hay un estudio integral hidrológico de todo el Peru para saber donde están las fuentes de agua¨, acaba de revelar el Físico Nuclear Modesto Montoya (Sophimania.pe). Los gobiernos toman decisiones A CIEGAS acerca del agua. Montoya propone un mapa hidrológico, que mediante los llamados ¨ trazadores¨, rastrean el agua y genera una radiografía tridimensional del agua subterránea. (ie, San Mateo, 1980.) Esa tecnología, asegura, EXISTE en el Perú, así como los hombres de ciencia del IPEN (del que fue Director y conoce bien) para usarla.

¿Por qué se deciden EIAS o concesiones sin un mapa así? Quizás la respuesta esté en que este sistema de ¨trazadores¨ también determina el grado de contaminación del agua.

El otro tema, el de la confianza en la neutralidad del ente que determina la idoneidad o no de un proyecto minero y su grado de impacto ambiental y social, también podría resolverse con la participación de hombres de Ciencia desde un ente que no se vea como juez y parte (que es así como los pobladores ven al MINEM que presenta los EIA). Y quizás por eso, la potestad sobre las autorizaciones del EIA, debería tenerla el Ministerio del Ambiente. No hay que ser muy malpensado para imaginar las razones por las que no se le quita ese poder al Ministerio de Energía y Minas.

Pero quizás el escollo mayor – salvando los anteriores con tan solo tomar la decisión de usar los recursos científicos disponibles y con una visión de estadista – es el de el rechazo total, absoluto y radical a la actividad extractiva por parte de, cada vez, más pobladores. Allí sí que hay un trabajo muy árido, pero imprescindible por hacer.

“La sociedad tiene que ser consciente de que las actividades humanas, todas, generan impactos y que el acuerdo debe pasar por consensuar cuál es el impacto que estamos dispuestos a aceptar” ha dicho en un artículo reciente Manuel Pulgar-Vidal de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, una de las pocas ONGs neutrales y técnicas por excelencia.

Y allí está el gran reto. Hacer docencia acerca de la imposibilidad de habitar un mundo desarrollado y hacerse de sus beneficios si no se sacrifica algún grado de pureza natural. Excepto que uno decida aislarse voluntariamente como los No-Contactados. La gente tiene que entender que para obtener beneficios hay que hacer concesiones.

Claro, en la medida que ellos consideren que esos beneficios pesan más que las concesiones, esto será posible. Mientras se les pruebe que el impacto no ponga en riesgo la salud o modo de supervivencia alimenticia. Si no, no deberíamos ni siquiera atrevernos a pedirles que sacrifiquen sus vidas por las de la bonanza económica del país.

Ollanta Humala ha dicho oro y agua. También que protegerá a las comunidades. El pueblo votó creyéndole. Precisamente Ancash y Cajamarca votaron en más del 50% por él. Y son un ejemplo de lo que puede estar a la vuelta de la esquina en todo el país si no administra lo que se verá como un incumplimiento de su promesa. Cualquier presidente tiene todo el derecho del mundo a dirigir su partido y a escoger a sus asesores como mejor le parezca. Y la prensadora de derecha no debe ser el cuco que incline la balanza. Tapia y la izquierda parecen estar de retirada en el gobierno. Más allá de las luchas internas, lo de más de fondo que debe importarnos, es mantener la paz social, la bonanza o al menos estabilidad económica, recibir las inversiones que nos beneficien, pero no a costa de matar lentamente la calidad de vida de un grupo de peruanos. Peruanos que tienen todo el derecho a opinar de manera informada con las herramientas científicas y neutrales que el gobierno tiene obligación de alcanzarle.

RESUMEN EJECUTIVO DEL EIA DE CONGA

Se llama SOPA, pero no tiene ninguna acepción culinaria. Es más bien una indigesta ley que pretenden pasar en los EEUU y que terminaría, eventualmente, con la internet como la conocemos.

Atención blogueros, tuiteros, páginas web, portales, diarios on line, ‘youtuberos’, ‘facebukeros’ y demás usuarios de la vasta red. Si todavía no se han enterado qué es SOPA, qué oculta tras su pantalla de combate a la piratería, lea estas líneas porque la www, world wide web, tal como fue diseñada y se ha desarrollado libre durante años, está en franco peligro de extinción. Y no es una exageración.

SOPA es el acrónimo de Stop Online Piracy Act, un proyecto de ley presentado en el Senado estadounidense que navega con bandera de lucha contra la piratería pero que en realidad esconde un peligroso poder de censurar a priori, a quienes se considere hayan infringido la ley antipiratería. Con esta ley podrán cerrar cualquier sitio web en EEUU o el mundo del que se sospeche que ha violado derechos de propiedad intelectual o de autor.

“Este proceso sería express, en apenas cinco días y sin juicio de por medio una web se puede encontrar sin financiación sin antes ser juzgadas. Dicho de otra forma, con estas leyes aprobadas eres culpable sin presunción de inocencia, luego podrás ir a juicio con sus costes incluidos, y tener la posibilidad de demostrar tu inocencia. Durante este proceso, se elimina cualquier posibilidad de seguir generando beneficios económicos aunque seas inocente”. (Miguel Jorge, ALT1040)

La ley ha sido diseñada de manera compleja, lo que la hace de difícil traducción o acceso al público general. Pero organizaciones civiles y compañías privadas asociadas a internet han comenzado a levantar la voz de protesta y difusión del peligro que se cierne. Según Pablo Gutiérrez, de Fayerwayer, las grandes compañías y productoras de contenidos, pretenden convertir internet en ¨un carrito de compras y consumo con un nivel de control similar al de la televisión¨. Es una guerra por poder de la industria de contenidos que incidirá en la industria tecnológica y creativa que ha sido y es el alma y motor de internet.

“(Esta ley) contiene estipulados que congelarán la innovación, que juegan con la misma esencia fundamental de internet. Le da a las corporaciones privadas el poder de la censura. Y peor aún, se salta procesos legales para lograrlo. “ (James Allworth, Harvard Business School)

Con esta ley se fomentaría la confección de listas negras, al estilo del macartismo, que serían elaboradas por los proveedores de servicios, buscadores y proveedores de acceso, a quienes el gobierno delegaría el filtrado y monitoreo. Serán censurados no solo los sitios que directamente infrinjan el copyright de imágenes, música videos, textos sino también aquellos que faciliten el uso de esos contenidos y quienes provean herramientas que faciliten su descarga. Los proveedores de servicios que no censuren a los infractores, serán también bloqueados.

Quizás por ello, compañías como la propia Google, que había formado parte de un colectivo contrario a SOPA, acaba de tener una lamentable participación en el Senado estadounidense, donde su Consejera de Políticas Públicas, Katherine Oyama, mencionó el caso Wikileaks ante el Comité Judicial de la Cámara de la Audiencia en el Senado: ¨Creo que se trata de un buen ejemplo que confirma que el remedio del bloqueo financiero es efectivo. La asfixia a estos sitios los deja fuera de su fuente de ingresos. Si ustedes pueden conseguir que toda la industria en conjunto ahogue su publicidad y paralice los pagos a estos sitios, podríamos encontrar la manera más eficaz sin tener que introducir daños colaterales como son la libertad  de expresión o la propia arquitectura de Internet.¨ (ALT 1040)

En otras palabras, Google finalmente acepta y apoya la pretendida legislación siempre y cuando no sean ellos los censores vulnerables sino que sea el gobierno mediante el ahogamiento económico a los supuestos infractores.

La ley no solo terminará afectando el entramado y el diseño vivo de internet en su uso, sino que también afectaría servicios de navegación anónima que utilizan disidentes de países donde internet está abiertamente censurado. Otros proyectos en el Congreso estadounidense, con objetivos similares, son las iniciativas Protect IP Act o E-Parasite Act. Más de 100 profesores de Derecho de ese país han advertido en una carta firmada sobre las ¨graves deficiencias constitucionales de la proposición y la ruptura de una política de defensa de la libertad de expresión que perjudicará la imagen del país en el resto del mundo.¨

Esta sopa está caliente y cual indignada Mafalda hay que denunciarla. Entra aquí y pronúnciate. Antes de que sea demasiado tarde.