La corrupción en diferentes modalidades, pero todas asociadas a quienes gobiernan, están remeciendo el globo. Democracias y dictaduras por igual, gobiernos populares, de derecha, de centro, de izquierda, presidencialistas o no, la gente en cualquier idioma, está levantando la voz de protesta por el abuso de poder, la colusión y la negligencia que terminan afectando la calidad de vida de sus ciudadanos.

#OccupyWallStreet exige a Washington que se despercuda de la opresión del sistema financiero, del lobby y la dominación de los grandes capitalistas cuya salvación económica se da a costa de la desmejora en su calidad de vida.

En Grecia no quieren bancarse las medidas de austeridad generadas por un negligente manejo económico y el maquillaje de cifras de la clase gobernante; mientras en España, directamente el sistema corrupto ha colmado la paciencia de los #indignados que sienten la pegada de los problemas económicos y sociales.

En más de 900 ciudades del mundo, no ha sido difícil que se replique la indignación contra políticos y banqueros, incluyendo el Brasil donde la corrupción ha defenestrado a cinco ministros. En Chile y Colombia los jóvenes exigen a sus gobiernos no permitir el lucro de la educación entendida como un derecho, o que su Estado garantice y promueva su calidad y mejores oportunidades.

Y aún cuando parezcan lejanas y desvinculadas, las protestas de la llamada ¨primavera árabe¨¨ han tenido un importante detonante en la degradación de la calidad de vida de sus ciudadanos, sumada a la represión y opulencia de sus tiranos y longevos gobernantes.

En todo el mundo el grito es transversal: estamos hartos de los políticos, de los políticos corruptos, del sistema que alimentan y promueven y que repercute en la cada vez más difícil y desgraciada vida de quienes no mueven grandes capitales, lobbys, intereses o poderes.

Y así como nuestro país parece ser, al menos por ahora, un oasis en el agobiante escenario económico mundial, en el escenario político-social el gobierno parece aún estar gozando de una media primavera. Media porque, fuera de Lima, las expectativas de que se ejecute un cambio social aún se mantienen en compás de espera, pero media también porque en Lima, donde la lucha por los votos fue más dura y en gran parte la balanza la inclinó a su favor un voto negativo: no a favor de Ollanta sino en contra de Keiko- el clima parece comenzar a enrarecerse.

Está claro que la derecha mediática, aquella que se alineó tras el fujimorismo en la segunda vuelta, no cejará en su intento por empujar esta propuesta de modelo al barranco. Está claro que en muchas ocasiones se exagera o injustamente se hace cargamontón. Pero está claro también, que en la mayoría de ocasiones las bases para las denuncias existen, son reales y preocupan.

El sondeo para indultar a Antauro Humala fue un primer traspié, liderado desde el ejecutivo por Omar Chehade, en un papel que reveló una cara antes no conocida públicamente del tantas veces defensor de los DDHH y de lucha anticorrupción. Luego vendría la desinteligencia en el caso Alexis Humala, las increíbles- y aún no zanjadas por el presidente – declaraciones del ministro Mora en contra de las ONGs pro derechos humanos, la controvertida designación de la angelical Susana Baca, el tremendo desliz de insensibilidad de la ministra García Naranjo frente a los familiares de tres niños envenenados, y la denuncia que más daño político viene causándole a este gobierno, la del vicepresidente Omar Chehade. Si bien es cierto que la denuncia proviene de un policía presuntamente ¨honorable ¨ que no habló sino hasta que fue pasado al retiro, los datos que ha provisto muestran claros indicios de probable tráfico de influencias del vicepresidente Chehade, que además, no ha dado respuestas convincentes por más que alce la voz blandiendo su curriculum de defensor. Y ahora, para coronar este primer trimestre, el ministro Caillaux de Agricultura en el ojo público por posibles conflictos de interés. Sumado esto a los congresistas ¨comeoro¨, ¨robaclable¨ y a los vinculados a temas de narcotráficos y tenemos un gobierno que en sólo tres meses ya parece viejo.

Ciertamente no es todo lo que pasa, allí está la Ley de Consulta Previa, los programas de trabajo, el ministerio de inclusión, y tantos otros programas y aciertos que quedan ocultos por la sombra de los escándalos políticos sazonados por la maquinaria mediática que se nutre de ellos.

Es cierto que la prensa de derecha está ávida por encontrar los deslices, yerros y delitos del gobierno nacionalista, lo cual en sí no es malo, por el contrario resulta mucho más saludable tener una prensa fiscalizadora que una alineada- aunque para ello haya que bancarse algunos excesos o exageraciones- pero igual de cierto es que los indicios de las faltas y delitos existen, y que a mi parecer, el gobierno se está jugando su crédito con cada funcionario comprometido con irregularidades que cobija.

No sólo los fujimoristas están sacando provecho erigiéndose como fiscalizadores anticorrupción – vaya cruel ironía- sino que a medida que pasan los escándalos, la mochila de pasivos del gobierno se va llenando y me temo que su crédito de expectativa se va acabando.

Empecé hablando de las marchas y las protestas en todo el mundo en contra de la corrupción de los gobiernos y sus autoridades, en contra del modelo capitalista desmedido que genera mayores desigualdades mientras asegura beneficios y exoneraciones, salvatajes y financiamientos a quienes más tienen en desmedro de clases menos pudientes. Si en el Perú el 15-O fue casi raquítico no es porque a la gente no le interese, no se indigne o tenga mejores cosas que hacer. Vimos cómo se movilizaron grupos importantes durante la segunda vuelta. Quizás aún se guarda expectativa de que Ollanta Humala cumpla con generar un cambio político, económico y social, de que Ollanta Humala no ceda a las presiones e intereses de los grandes capitales- necesarios por cierto para construir una economía sana en un país- pero no si se les da espacio para el abuso y la dominación.

Todos esperamos que la inclusión no quede en palabras o en la constitución de un ministerio y que la pelea contra la corrupción no se convierta en una frase muerta de campaña. Esa ola de condena al modelo que recorre el mundo, un mundo que se está viendo empobrecido y que culpa al sistema financiero, a los banqueros y a los políticos que los protegen y auspician, no nos toca aún porque salió Humala y no Keiko o PPK. Y porque nuestra economía va, por ahora, a contracorriente de lo que está pasando en grandes economías del planeta. Eso sin embargo no significa que su solo nombre o el de su partido baste para conjurar reclamos.

El Perú sociopolítico parece estar en una especie de stand by, de pausa, a la expectativa de los próximos movimientos y decisiones del gobierno en materia económica, en materia social, y en los que se espera cumpla con aquellas promesas de las demandas embalsadas durante años. Sin afectar la buena marcha de la economía, sin perturbar el modelo base, sin recurrir a modelos caducos o probadamente ineficientes de nacionalización, confiscación o patrioterismo. Pero tan importante como lo económico y lo social, es lo ético. Y la gente también está a la expectativa de que este gobierno no repita los patrones de corrupción de anteriores regímenes. Y en eso los peruanos podemos ser franca y sanamente intransigentes.

Lo peor que podría sucederle a este gobierno es que el tránsito al Perú inclusivo que queremos todos los peruanos de bien, se vea opacado por una imagen de gobierno apañador, corrupto o blando con los delitos de función. Cuidado que se le acabe  pronto la cuasi-primavera política que se ha forjado a propio pulso y remontando la demoledora campaña en su contra; cuidado con que los ánimos empiecen a caldearse en la opinión pública; y en los medios que sin ser enemigos son críticos porque hacen su trabajo; cuidado porque una vez perdida la credibilidad política, cualquier gran empresa por benéfica que sea para el país, costará el doble ser implementada. Cuidado que se les acabe el crédito. El gobierno debe mover bien sus fichas, tener reflejos, sacar a quienes enturbian su gestión, a quienes  ya son públicos y a quienes debería ya tener detectados antes de que desaten nuevos escándalos.

Publicado en una versión editada en el Diario La Pimera, el lunes 31 de Octubre de 2011. Columna: EN VOZ ALTA

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