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Los periodistas, los buenos periodistas, son odiados por mucha gente, sobre todo por políticos y sus afines. Es un buen síntoma. Pero los muy malos, también son detestados por muchos. Y son un cáncer. Infectan la profesión con sus mentiras y manipulaciones, con sus estridencias y abusos, desacreditan su función con su poca sensibilidad, solidaridad y su mucha ambición de poder, protagonismo o dinero.

Las décadas pasadas con el gobierno fujimontesinista fueron de penosa actuación de muchos, demasiados colegas. Algunos buenos hombres y mujeres que se dejaron atrapar por miedo o angurria. Otros sencillamente sin sangre en la cara, serviles al mando político o económico y traidores de la verdad y la consecuencia.

No somos, pues, como gremio, impolutos mensajeros ni dechados de virtud y moral. Para pena de la profesión. Pero en medio de tanta mugre, hay muchos periodistas que sí trabajan con esmero, vocación y seriedad. También es cierto que no solo los periodistas honestos destapan las suciedades de la sociedad. Muchas veces una denuncia proviene de alguna cloaca con intereses diversos y alejados de la verdad periodísitica.

Pero así y todo, muchas veces son esas denuncias las únicas que tenemos para ver lo que en realidad pasa frente a nuestras narices disfrazado de normalidad. Ojalá y existiera una forma más eficiente de controlar, autónomamente, como gremio, las injurias, los inventos, la manipulación grosera y la invasión a la privacidad. Ojalá pudiéramos, de un plumazo o ley, borrar del planeta a seudoperiodistas que no son más que sanguijuelas, escorias, parásitos infectos que se escudan en la libertad de expresión para vender rating o ejemplares, para agradar a sus jefes o agrandar sus bolsillos. Ojalá. Pero el libre albedrío tiene ese doble filo. Es para todos, buenos y malos.

La libertad tiene, justamente, esa prerrogativa: es para todos o no es libertad. Por tanto, hay que soportar estoicamente los embates de la mala prensa, no sin que sea castigada, que para eso ya existen leyes. No es bonito, jode, indigna, subleva cuando se mal utiliza la libre expresión y se invoca la libertad de información en casos evidentes de pura manipulación o infamia. Pero no hay forma de no dañar irreparablemente la libertad de quienes sí la usan para desnudar al poder político y económico, si se sigue adelante con la pretendida Ley Mordaza.

Que no levanten los políticos la bandera de la casi unanimidad con la que fue aprobada en ese Congreso de escándalo. Qué mejor forma de asegurarse que sus negocios sucios, sus corruptelas y sus chanchadas no podrán ser difundidas porque están protegidas por esta reprobable ley. No me extraña de Lourdes Flores, escaldada, literalmente en la campaña municipal. Aun cuando era ciertamente debatible el interés público de los “potoaudios” por haber sido dichos en un ámbito privado, podía argumentarse que era importante saber qué interés tenía la candidata en el cargo por el que nos pedía votáramos por ella, cuán comprometida estaba, de pies a…. bueno… cuán comprometida estaba con su causa. Al parecer, no la entusiasmaba que se mostraba en público.

Lo entiendo de Abugattás que nunca ha escondido su desagrado por los periodistas y que, aunque ha aprendido bastante con y de ellos, todavía se deja arrancar fácilmente titulares de indulto que luego tiene que salir a explicar. Lo entiendo hasta de Vargas Llosa, que debe ser el peruano más ilustre más injustamente vilipendiado por su entereza humana y su honestidad cívica y política. Los entiendo pero no comparto.

Entiendo que no tengan la suficiente distancia y neutralidad como para opinar sopesando pros y contras universales. Esa ley no puede sino rebajar nuestro nivel de democracia. Esa ley solo protegerá a los corruptos de siempre más que a los honestos vejados. Porque la Ley Mordaza dice que solo se podrá difundir un material que sea delictuoso. Y para empezar, los periodistas no son jueces para determinar un delito a priori, antes de un proceso.

Es absolutamente absurdo, de espanto y muy de gobierno de facto, general Abugattás, proponer una instancia del Ministerio Público para que “revise y autorice” los contenidos que podrá difundir un periodista.

Por último, hay muchísimos casos de conductas reprobables, inmorales en la función pública o sancionables en la administración, que no necesariamente son delito. Esas tampoco se podrán difundir, según la mordaza.

Señor Presidente, usted prometió una y otra vez en campaña respetar todas las acepciones de libertad de información. Podrá cambiar de modelo económico, podrá cambiar de polo rojo al blanco, podrá cambiar de asesores, de vicepresidente, de congresistas, pero señor Presidente, no cambie, no trueque, no devalúe la democracia recortando uno de sus fundamentos.

La carne sale con hueso, y nadie más que los periodistas odiamos el hueso de cada día en la prensa porque nos desprestigia, como gremio, enferma a la sociedad, la contamina. Pero el hachazo para esos huesos ya existe, ya hay legislación para castigar a los difamadores. Que no le hagan creer otra cosa. La carne hay que cuidarla como oro de Cajamarquilla. La carne vale la pena del hueso. La carne es su principal credencial de democracia. La libertad recortada, no es libertad. Punto.

Artículo escrito para y publicado en el Diario La Primera el 19/12/11

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Se llama SOPA, pero no tiene ninguna acepción culinaria. Es más bien una indigesta ley que pretenden pasar en los EEUU y que terminaría, eventualmente, con la internet como la conocemos.

Atención blogueros, tuiteros, páginas web, portales, diarios on line, ‘youtuberos’, ‘facebukeros’ y demás usuarios de la vasta red. Si todavía no se han enterado qué es SOPA, qué oculta tras su pantalla de combate a la piratería, lea estas líneas porque la www, world wide web, tal como fue diseñada y se ha desarrollado libre durante años, está en franco peligro de extinción. Y no es una exageración.

SOPA es el acrónimo de Stop Online Piracy Act, un proyecto de ley presentado en el Senado estadounidense que navega con bandera de lucha contra la piratería pero que en realidad esconde un peligroso poder de censurar a priori, a quienes se considere hayan infringido la ley antipiratería. Con esta ley podrán cerrar cualquier sitio web en EEUU o el mundo del que se sospeche que ha violado derechos de propiedad intelectual o de autor.

“Este proceso sería express, en apenas cinco días y sin juicio de por medio una web se puede encontrar sin financiación sin antes ser juzgadas. Dicho de otra forma, con estas leyes aprobadas eres culpable sin presunción de inocencia, luego podrás ir a juicio con sus costes incluidos, y tener la posibilidad de demostrar tu inocencia. Durante este proceso, se elimina cualquier posibilidad de seguir generando beneficios económicos aunque seas inocente”. (Miguel Jorge, ALT1040)

La ley ha sido diseñada de manera compleja, lo que la hace de difícil traducción o acceso al público general. Pero organizaciones civiles y compañías privadas asociadas a internet han comenzado a levantar la voz de protesta y difusión del peligro que se cierne. Según Pablo Gutiérrez, de Fayerwayer, las grandes compañías y productoras de contenidos, pretenden convertir internet en ¨un carrito de compras y consumo con un nivel de control similar al de la televisión¨. Es una guerra por poder de la industria de contenidos que incidirá en la industria tecnológica y creativa que ha sido y es el alma y motor de internet.

“(Esta ley) contiene estipulados que congelarán la innovación, que juegan con la misma esencia fundamental de internet. Le da a las corporaciones privadas el poder de la censura. Y peor aún, se salta procesos legales para lograrlo. “ (James Allworth, Harvard Business School)

Con esta ley se fomentaría la confección de listas negras, al estilo del macartismo, que serían elaboradas por los proveedores de servicios, buscadores y proveedores de acceso, a quienes el gobierno delegaría el filtrado y monitoreo. Serán censurados no solo los sitios que directamente infrinjan el copyright de imágenes, música videos, textos sino también aquellos que faciliten el uso de esos contenidos y quienes provean herramientas que faciliten su descarga. Los proveedores de servicios que no censuren a los infractores, serán también bloqueados.

Quizás por ello, compañías como la propia Google, que había formado parte de un colectivo contrario a SOPA, acaba de tener una lamentable participación en el Senado estadounidense, donde su Consejera de Políticas Públicas, Katherine Oyama, mencionó el caso Wikileaks ante el Comité Judicial de la Cámara de la Audiencia en el Senado: ¨Creo que se trata de un buen ejemplo que confirma que el remedio del bloqueo financiero es efectivo. La asfixia a estos sitios los deja fuera de su fuente de ingresos. Si ustedes pueden conseguir que toda la industria en conjunto ahogue su publicidad y paralice los pagos a estos sitios, podríamos encontrar la manera más eficaz sin tener que introducir daños colaterales como son la libertad  de expresión o la propia arquitectura de Internet.¨ (ALT 1040)

En otras palabras, Google finalmente acepta y apoya la pretendida legislación siempre y cuando no sean ellos los censores vulnerables sino que sea el gobierno mediante el ahogamiento económico a los supuestos infractores.

La ley no solo terminará afectando el entramado y el diseño vivo de internet en su uso, sino que también afectaría servicios de navegación anónima que utilizan disidentes de países donde internet está abiertamente censurado. Otros proyectos en el Congreso estadounidense, con objetivos similares, son las iniciativas Protect IP Act o E-Parasite Act. Más de 100 profesores de Derecho de ese país han advertido en una carta firmada sobre las ¨graves deficiencias constitucionales de la proposición y la ruptura de una política de defensa de la libertad de expresión que perjudicará la imagen del país en el resto del mundo.¨

Esta sopa está caliente y cual indignada Mafalda hay que denunciarla. Entra aquí y pronúnciate. Antes de que sea demasiado tarde.